Vietnam ya no es el "China+1" fácil de hace tres años.

En los últimos dieciocho meses he acompañado a siete clientes chinos en proyectos vietnamitas —electrónica, módulos solares, e-commerce transfronterizo— y el patrón se repite: el manual de 2022 ya no funciona. Hanói está reescribiendo en silencio las reglas para inversión extranjera.

Cuatro cambios que todo asesor transfronterizo debería tener en su radar:

Primero, protección de datos. El Decreto 13/2023 introdujo obligaciones al estilo del RGPD: evaluación de impacto para transferencias internacionales, registro ante el A05 del Ministerio de Seguridad Pública, designación de un representante local. La Ley de Protección de Datos Personales que entra en 2026 endurece aún más el régimen.

Segundo, impuesto mínimo global del 15% (Pilar Dos OCDE). Desde enero de 2024, los grandes grupos pierden buena parte del beneficio fiscal histórico vietnamita. Un cliente del sector electrónico vio caer su TIR del 18% al 13% tras recalcular.

Tercero, permisos de trabajo más estrictos. El modelo de enviar técnicos chinos por temporadas cortas se acabó. Hay que formar suplentes locales con doce meses de anticipación.

Cuarto, auditorías anti-elusión sobre solar, baterías y aluminio. EE.UU. y la UE ya no toleran el transbordo. Hay que asegurar valor añadido local mínimo del 35% y conservar trazabilidad de origen cinco años.

Para clientes latinoamericanos que evalúan Vietnam como alternativa de manufactura o que compiten con cadenas vietnamitas: el momento de entrar sigue abierto, pero la "entrada barata" se cerró. Presupueste el cumplimiento en el 3% del CAPEX desde el día uno.

¿Está estructurando un proyecto en Vietnam o necesita comparar jurisdicciones asiáticas? Conversemos.

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Mike Wu, Abogado (China) · Práctica transfronteriza
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