Esta semana en México hubo un movimiento que vale la pena leer con calma.
Creel, García-Cuéllar, Aiza y Enríquez —una de las firmas top del país— fichó a un equipo completo de comercio internacional y aduanas proveniente de Garrigues México, incluyendo a un socio. En apariencia es un movimiento lateral. En el fondo es una señal: el trabajo de cumplimiento aduanero y de reglas de origen bajo el T-MEC está creciendo tan rápido que las firmas locales de élite están armando equipos dedicados desde cero.
El motor es evidente. El nearshoring de fabricantes chinos, coreanos y japoneses hacia México ha generado una ola de plantas nuevas en Nuevo León, Coahuila, Querétaro y el Bajío. Cada una de esas plantas tiene que sobrevivir a tres presiones al mismo tiempo:
Primero, las reglas de origen del T-MEC —contenido regional y contenido laboral— son estrictas y los auditores estadounidenses lo saben. Segundo, los aranceles de EE. UU. contra productos con contenido chino se siguen ampliando, y México también ajustó aranceles a ciertos bienes chinos desde finales de 2024. Tercero, la revisión conjunta del T-MEC en 2026 ya está en el horizonte.
Mi recomendación para las empresas chinas que ya operan o están por instalarse en México: no basta con contratar una firma que hable mandarín o una firma que hable español. Se necesita coordinación real entre el lado mexicano, el lado estadounidense y la matriz en China, desde el diseño de la estructura hasta la documentación de origen.
Si su empresa está evaluando este corredor, con gusto conversamos.
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Mike Wu, Abogado (China) · Práctica transfronteriza
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